Forn Marés nació de una obsesión sencilla: hacer el pan como se hacía antes de que hubiera prisa. Masa madre propia, fermentaciones largas, harinas de molinos del Maresme y un horno de leña que marca el ritmo del día entero.
No hay atajos ni aditivos. Cada hogaza pasa por manos que la conocen desde que era solo agua y harina, y sale del horno cuando está lista — no cuando lo dice un reloj.
El resultado es un pan con corteza gruesa, miga húmeda y ese perfume a leña quemada que reconoces antes de entrar por la puerta.